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Opinión: Barras bravas. Por Graciela Daneri* PDF Imprimir E-mail

Barras bravas y otras lacras del fútbol profesional  ----   por Graciela Daneri*

Una vez más el fútbol (nuestro fútbol, ese deporte calificado como pasión de multitudes) o, mejor dicho, el cruel entorno que lo rodea, con sus hinchadas y, para colmo de males, sus barras bravas, esa horda de fanáticos lindantes con la delincuencia (o inmersa en ella), tuvo otra víctima fatal. Esta vez muy cerca de aquí, en Rosario, donde un grupo de  (mal llamados) hinchas asesinó a uno de sus pares, como ellos vinculado a la parcialidad del club Newell’s Old Boys. Se lo conocía como Roberto “Pimpi” Camino y fue ejecutado con cinco balazos, disparados, según se dijo, por un sicario.

 

Camino era un ex líder de aquella barra brava y, entre los involucrados en su asesinato hubo varias personas (entre ellas un ex policía), se habla de cuatro o cinco, que habrían sido partícipes necesarios para que se perpetrara esa muerte. Además, se sospecha que hubo algunos más que, supuestamente, sabían que ése iba ser el destino final de la víctima. Víctima que se suma ahora a muchas otras que llevan el poco saludable mote de barras bravas, de las que no están exentos ninguno de los clubes de nuestro país, desde Boca o River a Unión o Colón, instituciones en las cuales, invariablemente, gozan de la anuencia, de la tolerancia de sus dirigentes y hasta del financiamiento (con dineros que salen de las arcas de los clubes, aunque no figuren en sus presupuestos, ni se rindan cuenta en sus memorias y balances). Tales dirigentes les dan su apoyo no para que alienten a sus equipos desde la tribuna, sino para que, llegado el momento, aprieten a jugadores y/o técnicos cuando los resultados deportivos no son los esperados.

Todo eso forma parte de la corrupción descontrolada que padece el fútbol profesional argentino, acrecentada en un año en el cual se disputará el Campeonato Mundial, y toda esa gente (mano de obra desocupada, que no acredita trabajo u ocupación alguna: ellos son sólo barras bravas de tal o cual club…) espera recibir dádivas que le permitan viajar a Sudáfrica a ver los partidos de la Selección Nacional.  Y es por esas y otras prebendas que se disputan un lugar, o un oscuro liderazgo, en las barras en cuestión.   

 

Este caso y tantos otros que sería casi interminable enumerar,  da cuenta tristemente de que la  corrupción está instalada en casi todos los estamentos de nuestra sociedad, también en los clubes (entre sus dirigentes, entre sus hinchadas). Se alega que esta situación, o más bien esta lacra social,  es muy difícil de controlar, aunque en realidad no lo es. Lo que sucede es que no se quiere, pues muchos “negocios” se vendrían abajo, cayendo como castillos de naipes. Pero en tanto, no son pocos los que se ven condenados a pagar sus consecuencias con sus propias vidas. El caso de “Pimpi” Camino es apenas un ejemplo más de lo aquí expuesto.

Los tiempos en que cualquier ciudadano podía ir pacíficamente a una cancha a ver un partido, solo, con su esposa o con sus hijos, es cosa de un pasado menos turbulento que este presente deportivo.

 

*Graciela Daneri. Periodista. 

Secretaria de Cultura y Difusión de la Asociación C. Anticorrupción